Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
Iwami: En su carácter de país aliado, el Japón tiene que apoyar a los Estados Unidos. El primer ministro Junichiro Koizumi ha prometido brindar ese apoyo. ¿Cómo ve usted los recientes desarrollos políticos?
Ikeda: Sumamente frustrante. Los políticos japoneses son reactivos y se mantienen en la retaguardia. El gobierno japonés debe asumir el liderazgo en promover activamente la opinión pública en bien de la paz. Pueden realizar esta apelación ante las Naciones Unidas, por ejemplo. Hoy la ONU es más importante que nunca. Quisiera proponer que los estados miembros se unan y consideren llevar a cabo una sesión especial de la asamblea general dedicada a responder al terrorismo internacional. Ese es el rumbo hacia el cual debería trabajar el Japón.
El cristianismo y el islamismo comparten una larga historia de coexistencia pacífica. Pienso que en la médula del conflicto, hay una cuestión política más que religiosa. Toda la civilización humana está siendo evaluada. Hoy, más que nunca, apelo a un diálogo realmente comprometido y sostenido.
Kitamura: El ataque terrorista a Nueva York puede considerarse la tragedia más reciente que indica la corriente actual de la época. La tendencia contemporánea, en mi opinión, puede caracterizarse por una falta de respeto hacia la vida. Esto no se limita necesariamente al terrorismo, también se evidencia en diferentes aspectos de la sociedad japonesa. De esta manera, las circunstancias dan lugar a la pregunta de por qué las personas pueden llegar a ser tan ciegas y quitarle la vida a otro con tanta facilidad, incluso a un niño.
Ikeda: Creo que surge de la falta de esperanza. Existe la persistente sensación de haber llegado a un callejón sin salida, de estar atrapados en un túnel del que no hay escapatoria. La filosofía y la religión existen para darle significado a la vida. Pero quienes desempeñan cargos de responsabilidad carecen de la convicción necesaria para censurar sinceramente la guerra y la violencia. Todo se deja para que lo resuelvan otros. Las personas actúan como si los problemas no tuvieran impacto en ellas. Han perdido el rumbo en la vida y carecen de responsabilidad.
Kitamura: Estas personas consideran que los atroces crímenes no son ataques contra ellas, y se sienten aliviadas de que sus comunidades no se hayan visto afectadas. No se percatan de la amenaza que esto representa para la paz y para la sociedad misma. Se les hace difícil percibir que esa violencia también es un ataque contra ellas mismas.
Ikeda: Esa es precisamente la cuestión, la actitud de "dejar que otro asuma la responsabilidad". Por el contrario, el budismo tiene como base la empatía, es compartir el sufrimiento del otro como si fuera propio. Cuando uno ve que otro tiene un sufrimiento o un dolor, el camino más humano en la vida es compartir ese dolor, trabajar y darse apoyo mutuo. La empatía es crucial.
Kitamura: ¿Cómo podemos alentar a las personas que no pueden comprenderse realmente, desarrollen empatía entre sí?
Ikeda: La educación cumple una función indispensable. Debe educarse a las personas de tal manera que se las aliente a sentir como propio el dolor de los demás, el dolor de la desdicha, de la pobreza, de la guerra... ¿Cómo hacer para aprender a ver el mundo a través de los ojos de los demás, para extenderles nuestro apoyo y tratarlos como iguales? En este sentido, el Japón se ha quedado muy atrás.
Iwami: A lo largo de las décadas, los sucesivos gobiernos japoneses han apelado a la reforma educativa. Diversos organismos gubernamentales han considerado ese tema, pero no han podido instaurar un plan realmente eficaz. Quisiera preguntarle a usted sobre la Ley Fundamental de Educación. Para algunos, ésta debería ser revisada. Entiendo que usted tiene una postura "pasiva" al respecto.
Ikeda: Esto se debe a que resulta muy evidente que quienes apoyan la reforma tienen una agenda fuertemente nacionalista. Pienso que sería mucho mejor, por ejemplo, que intelectuales de avanzada discutan y debatan el tema. La percepción de que todo debe hacerse por la vía de las instituciones políticas, refleja la marcada prioridad que se le da a la política por sobre las personas. A lo largo de la historia, la educación en el Japón ha quedado supeditada a los objetivos nacionales vigentes. El rol de la educación ha sido definido en forma limitada según los objetivos y las prioridades nacionales, tanto militares como económicas.
La Ley Fundamental de Educación sostiene como objetivo "el desarrollo pleno de la personalidad". Pienso que podría traducirse como la felicidad de los niños, de los educandos. Esta perspectiva fue recalcada por un educador a quien respeto profundamente y que falleció en prisión, por sus convicciones, durante la guerra.
Iwami: En teoría, creo que el rol de la religión en la educación es inmenso. Sin embargo, en la práctica, la religión no se tiene en cuenta en la educación japonesa.
Ikeda: Eso es verdad. Pero también es un hecho que en el Occidente la mayoría de las familias tienen alguna fe o credo. En el Japón, la situación que no hay autoridades religiosas. Básicamente, la religión es una de las necesidades de la vida humana, como el aire o el agua.
Kitamura: Setenta años después de la fundación de la Soka Gakkai, ¿cómo describiría la fase actual de la organización? ¿Y cuáles son sus reflexiones sobre el liderazgo que ha asumido durante tantos años?
Ikeda: La cantidad de miembros en la Soka Gakkai ha crecido hasta llegar al 10% de la población japonesa, aproximadamente. Creo que los cimientos de la organización ya se han consolidado. Naturalmente, el liderazgo es necesario para mantener a una organización en el rumbo correcto. Al mismo tiempo, a menos que los miembros tengan responsabilidades y se esfuercen por forjar a los jóvenes, ninguna organización puede lograr una estabilidad y un desarrollo continuos. La dictadura (gobierno de una sola persona) es imposible desde el punto de vista anacrónico. La administración de la Soka Gakkai se lleva a cabo en forma democrática a través del consejo administrativo y del comité ejecutivo central. Todos los esfuerzos se realizan con el fin de respetar y reflejar la visión de los miembros. Para mí es básico no asistir a dichas reuniones. Así promuevo el intercambio de opiniones y evito que las personas se sientan innecesariamente cohibidas por causa de mi presencia.
Iwami: ¡Eso me da la idea de una nueva forma de dictadura! (Risas).
Ikeda: Los demás tienen la libertad de considerar o interpretar esto de la manera que deseen. Usted tiene la total libertad de hacerlo. Pero como presidente honorario, yo realizo mis actividades según los estatutos de la organización.
Las personas no se desarrollan ni crecen en un régimen dictatorial. Tampoco sería posible el desarrollo de la organización fuera del Japón. La dictadura es un acto de cobardía e, inevitablemente, colapsa.
Kitamura: Durante algún tiempo, usted no ha aparecido en los medios. A partir de la columna que escribió para el periódico Asahi Shimbun (en la edición del 23 de mayo de 2001), usted se ha hecho bastante visible frente a los medios. ¿Cuál es la razón de este cambio?
Ikeda: La opinión pública tiende a equiparar a la Soka Gakkai con el partido Komeito. Sin embargo, el Komeito está en coalición con el Partido Liberal Democrático (PLD). Esto, a su vez, puede llevar al público en general a considerar erróneamente que la Soka Gakkai está, de alguna manera, vinculada con el PLD. Nosotros consideramos erróneo y sumamente lamentable que se piense de esa manera. Si no se pusiera objeción a esa opinión, los miembros, preocupados, nos censurarían, y podrían alejarse de la organización. Para responder a las necesidades y preocupaciones de los miembros, sentí que era importante volver a clarificar que la Soka Gakkai es una entidad independiente, y comencé a hablar con más frecuencia en público. En otras palabras, el objetivo de nuestra práctica religiosa no es brindar apoyo electoral al Komeito. La esencia de la religión se basa en la solidaridad espiritual entre las personas. Ya ha pasado la época de las facciones políticas, éstas sólo conducirían a un callejón sin salida. Siempre debe darse prioridad a las personas. Estamos promoviendo un movimiento religioso hecho por el pueblo y por el bien del pueblo.
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