Presidente de la SGI

Presidente de la SGI : 
Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.


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El reto de la juventd


La juventud es una época de la vida en que muchos cambios vertiginosos se producen de un día para otro; a veces, de un momento a otro. Y es también una etapa en la que afloran sentimientos encontrados y confusos. Hay ocasiones en que los jóvenes experimentan una sensación de abandono, como si estuvieran solos en medio de un desierto o de un campo de batalla. Y no es extraño que a veces sientan que no pueden creer en persona alguna, que nadie los ama o, incluso, que no tienen una razón para vivir.


Probablemente las notas que obtienen en la escuela o en la universidad no sean sus únicas preocupaciones. Tal vez en casa haya problemas económicos o de salud que también los afectan; y no debemos olvidar que en esta etapa de la vida, el aspecto físico, la relación con el sexo opuesto y los vínculos con los amigos son temas que, de igual manera, suelen causar verdadera ansiedad. Por todo ello, a veces la confianza y el optimismo que sienten en un momento de pronto se desvanecen y, al minuto siguiente, se encuentran abrumados por la inseguridad, la frustración o la apatía.


Es también posible que una y otra vez se hagan preguntas fundamentales sobre sí mismos, sobre su identidad: "¿quién soy?", "¿cómo debo vivir mi vida?". Es natural sentirse inseguro acerca de la mejor manera de proceder. Quisiera decirle a los jóvenes que si no han decidido aún el camino que seguirán en el futuro, concentren sus energías en lo que necesitan hacer ahora; de ese modo, permitirán que su potencial se manifieste plenamente.


Lo más importante, cuando se es joven, es no dejarse invadir por la negatividad o el cinismo. Jóvenes, no se comparen con los demás. Sean fieles a sí mismos y traten de apreciar el tesoro irremplazable de su propia vida y de sentirse satisfechos con ella. Aunque a veces reciban las burlas de otras personas, sigan avanzando y jamás se dejen vencer.


Establecer metas es positivo. Aunque les resulte difícil perseverar en algo por más de dos o tres días, jóvenes, sigan renovando su determinación. Cuando después de estudiar largo rato se sientan algo cansados y con deseos de distenderse un momento, pueden desafiarse para continuar, aunque solo sea durante cinco minutos más. Las personas capaces de perseverar incluso por ese breve lapso lograrán grandes cosas en la vida.


Es durante los años juveniles cuando consolidamos los cimientos de la vida. No se puede construir un edificio alto sin antes establecer bases profundas y sólidas. De la misma manera, si descuidan sus estudios o evitan todo esfuerzo mientras son jóvenes, no podrán erigir un futuro de grandeza.


Jóvenes, quizás resulte tentador tratar de procurarse una existencia cómoda y llevadera, en la que todo resulte según sus deseos; pero esa actitud no podrá ayudarlos en absoluto a desarrollar su carácter. Por el contrario, al encarar la vida de ese modo, corren el riesgo de convertirse en personas irresponsables, incapaces de pensar en los demás y ante las situaciones difíciles.


Jóvenes, si sus padres son pobres, no pudieron recibir una buena educación o se llevan mal, no piensen que por eso son ustedes desdichados. Muchas condiciones desfavorables que a veces existen en el hogar no son más que circunstancias que los ayudarán a desarrollarse como personas. Puede que sientan que habría sido mejor nacer en una familia próspera. Sin embargo, en ocasiones, a pesar de haber crecido en ese ambiente supuestamente ideal, hay quienes se comportan como autómatas desprovistos de calidez y espontaneidad, regidos por las formalidades, la tradición o las apariencias.


Una vida placentera como un manso mar es algo que sencillamente no existe. Por lo tanto, es importante que mientras sean jóvenes y gocen de salud y fortaleza, comiencen a asumir retos, forjándose y fortaleciéndose lo más que puedan. Consideren que las dificultades son el medio que les permitirá desarrollar un gran corazón y convertirse en personas profundas y sólidas.


Jóvenes, sean activos. Por el solo hecho de ser jóvenes, son dueños de un tesoro mucho más valioso que el poder y la fama. Ser joven es tener esperanza, pasión y libertad. Ustedes tienen por delante toda una vida colmada de posibilidades.


No permitan que su existencia sea una sucesión de páginas en blanco; hagan, por el contrario, que se convierta en una crónica repleta de maravillosas experiencias y desafíos. Envejecer y morir sin trazar historia alguna sería una existencia mustia.


¡No esperen! Ustedes pueden convertirse en los protagonistas del drama que se desenvuelve a su alrededor, en los creadores de la historia. Aunque se sientan impotentes o les cueste creer en ustedes mismos, por favor, no se dejen influir por la opinión de los demás y sigan manteniéndose fieles a lo que consideren correcto. ¡Tengan fe en su propia capacidad!


Espero que desarrollen un agudo poder de percepción y que sean los primeros en abrirse paso a través de la apatía y el estancamiento de la sociedad que los rodea. No olviden que abundan los individuos complacientes que siempre apuestan a que otras personas hagan las cosas. Los individuos cobardes, expertos en eludir los problemas, dan por sentado injustificadamente que de alguna manera todo se arreglará al final.


Por favor, enfrenten cuanto acto de injusticia y de corrupción vean a su alrededor; denuncien y combatan férreamente cualquier abuso de poder o de autoridad. Afronten cada situación con toda la fuerza de su carácter. Vivan con honestidad e integridad, y hagan que sus esfuerzos den su merecido fruto. Propónganse metas elevadas y luchen para lograrlas con todo su ser y toda su alma.


Edward Whymper fue un joven alpinista británico que se propuso lograr una hazaña casi imposible: llegar a la cumbre del monte Cervino de Los Alpes, que desde tiempos inmemoriales, nadie había intentado escalar. A los veintiún años, Whymper resolvió triunfar donde nadie lo había hecho antes. Su primer intento fracasó, pero él no se rindió: año tras año, midió fuerzas con la montaña. En una de sus incansables tentativas, llegó a cuatrocientos treinta metros de la cumbre, pero resbaló y cayó sesenta metros, a causa de lo cual se lesionó gravemente. En otra oportunidad, un desprendimiento de rocas lo obligó a descender. Siete veces fue derrotado, pero no se dio por vencido. El 14 de julio de 1865, en su octavo intento, a la edad de veinticinco años, llegó finalmente a la cumbre.


Al igual que él, todas las personas pueden abrirse paso a través de sus limitaciones y lograr un crecimiento admirable, cuando se ponen a prueba frente a una gran meta.


En definitiva, jóvenes, todo queda en sus manos. Les pido que no dependan de los demás ni esperen que sean ellos los que lleven las cosas adelante. Traten de desarrollar un sentido de responsabilidad tan sólido, que les permita enfrentar las tempestades más violentas y proclamar con confianza que sin falta lograrán su cometido. Por favor, enfrenten la realidad, cara a cara, y empleen coraje, sabiduría y fortaleza ante cualquier reto que les depare el futuro.