Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
La relación entre marido y mujer no es algo fácil. No es extraño que las circunstancias conspiren de un modo curioso. El bienestar material o una vida sin altibajos pueden llevar a que una pareja se separe, mientras que aquello que a simple vista podría parecer una montaña de problemas suele a veces convertirse en un factor de intensa felicidad y unión.
A diferencia de esa confianza entre individuos que cambia según la situación, el verdadero amor, en el más profundo sentido de la palabra, es un vínculo entre dos seres humanos que se desarrolla a medida que se van enfrentando las tormentas. Pero eso no significa que uno de ellos tenga que ceder siempre frente al otro, o que la felicidad de uno se pueda construir a costa del sufrimiento del otro.
El esposo no es el centro de la relación, como tampoco lo es la esposa. No es una cuestión de quién es el líder o de que alguno deba sacrificarse por el éxito o la felicidad del otro. Del mismo modo en que una canción es la suma de música y letra, marido y mujer son individuos iguales que, juntos, ejecutan la misma melodía de la vida. Pienso que lo importante es la belleza de la interpretación que realicen juntos ambos compañeros de vida.
Considero que, para lograr una relación profunda y armoniosa, los dos ingredientes más importantes son el agradecimiento y un objetivo en común.
Tal vez podríamos decir que, en la sociedad actual, una familia es como un avión. Cuando los vientos del cambio la zarandean, los dos a cargo del vuelo tienen la responsabilidad de lograr un arribo seguro. La estabilidad de un avión en vuelo exige una ruta definida, como también, un impulso y un esfuerzo constantes. Para que el vuelo sea exitoso, los copilotos deben mantener la mirada en el mismo destino final.
Conozco la historia de una mujer que estuvo deprimida durante tanto tiempo, que finalmente quedó postrada en cama. Un médico conocido de la familia escribió una receta para la señora y se la entregó al marido de esta. Cuando la mujer leyó la prescripción, se sorprendió mucho. Allí decía: "Cuando su esposo le ofrezca la medicina, bébala luego de haberle dicho sin falta 'gracias' tres veces". La señora se extrañó mucho ante la indicación, pero, como el galeno se había preocupado de recalcarla, comenzó a decir tres veces "gracias" antes de beber su medicamento. Entonces se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no utilizaba esa palabra. A partir de entonces, a medida que fue repitiendo "gracias" tres veces, su salud y su felicidad comenzaron a retornar poco a poco. Una humilde expresión de gratitud vuelve hermosa a una persona, no solo en el corazón, sino también en la apariencia. ¡No hace falta aclarar que esta lección también se aplica a los maridos!
Un proverbio inglés dice: "Mantén tus ojos bien abiertos antes del matrimonio y a medias cerrados después de él". Tanto el esposo como la esposa deben tratar de ser tolerantes y de cultivar un gran corazón, para perdonar las fallas y los errores menores de su cónyuge. Si uno siente que es juzgado y criticado constantemente, no tendrá el menor deseo de cambiar, aunque sepa que le están señalando algo que es cierto.
Me gustaría compartir con ustedes otra historia que dice mucho sobre el amor entre marido y mujer. Pertenece a la obra de O. Henry titulada El regalo de los Reyes Magos y trata sobre una joven pareja muy pobre, Delia y Jim, que viven en un departamento alquilado, casi desprovisto de muebles. Es la víspera de Navidad, y cada uno ha estado pensando en qué regalarle al otro como prueba de su amor. Delia quiere obsequiarle a su marido una cadena para el reloj de oro que este heredó de su abuelo y del que está muy orgulloso. La cadena cuesta veintiún dólares, pero ella solo tiene un dólar y ochenta y siete centavos. Entonces decide que lo único que puede hacer es vender su hermoso cabello castaño, tan largo, que le llega hasta las rodillas. En cualquier país o cultura, el cabello es algo muy valioso en la vida de la mujer. Pero Delia hace el sacrificio de vender su cabellera a un fabricante de pelucas para comprar con ese dinero una cadena de platino para el reloj de su esposo.
Con el corazón latiendo apresuradamente, espera el regreso de Jim. Cuando él llega y la ve, se siente perdido. El regalo que le ha comprado es un juego de hermosas peinetas de carey para su larga cabellera. Delia le asegura que esta volverá a crecer pronto y le entrega su obsequio, la cadena de platino. El joven se desploma en el sofá y propone, con una sonrisa, que se olviden de sus regalos de Navidad por un tiempo, pues son demasiado hermosos para usarlos por el momento. Él ha vendido su reloj para comprarle las peinetas.
Esta historia, plena de gracia y de afección, demuestra, a través de los presentes que intercambian los protagonistas, cuán profundo es su amor. Cada uno ha sacrificado algo muy valioso para comprar el mejor obsequio. Pero cuando entregan sus regalos, se encuentran con que ya no tienen ni el reloj de oro para utilizar la cadena, ni el cabello castaño para usar las peinetas. Ambos obsequios se han tornado inútiles para ellos. Una pareja joven de hoy dirá tal vez que, si los esposos se hubieran tomado la molestia de conversar de antemano acerca de qué se iban a regalar, se habrían ahorrado un gasto inútil. Pero la anécdota refleja algo que trasciende la simple lógica calculadora. Muestra la belleza del amor profundo entre los cónyuges.
El amor adopta un millón de formas diferentes. Algunas veces, para quienes miran desde afuera, el marido puede parecer absolutamente dominante; y, sin embargo, la pareja se mantiene con un sorprendente grado de armonía. Por otro lado, hay casos en que la esposa parece tener el mando, y aun así, prevalece entre ambos una atmósfera pacífica. En rigor, no es la apariencia externa lo que importa. Siempre pienso que cuando una pareja ha compartido las alegrías y las penas de la vida por largo tiempo, crece entre ellos un profundo vínculo que no puede ser cercenado por fuerzas externas. No se trata del tipo de amor abierto y expresivo que podemos ver en las parejas jóvenes. Es algo amplio y profundo; el sentimiento de saberse partícipes de un destino compartido.
He conocido unas veinte o treinta parejas de personas mayores que irradiaban ese sentimiento y he percibido la atmósfera de indescriptible plenitud y madurez que han creado en torno a ellas. Jamás escuché a esos esposos entregarse a la conversación tediosa y llena de quejas que caracteriza a algunas personas de edad. Y, aunque muchos de ellos no han tenido una vida fácil, no he visto trazas de aflicción en sus expresiones. Solo he encontrado la plenitud y la satisfacción que logran dos personas que han triunfado juntas sobre situaciones difíciles en la vida, y la gratitud por el tiempo que les queda por vivir en mutua compañía.
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